Ridículas Confesiones

Noviembre 9, 2007

-No me gusta ver televisión todo el día. Cuando finalmente la apago siento como si seres del espacio exterior me hubieran abducido el cerebro.

-Desde pequeña soy una chica perseguida, siempre miro para todos lados antes de entrar a algún lugar y si me siento intimidada de alguna manera prefiero no entrar. De hecho alguna vez tuve la fantasía de estar siendo observada todo el tiempo, también escuchada. Así que durante un lapso de tiempo preferí no dar mi nombre y no usar medios (telefono inalambrico, mail, registros en paginas web) que pudieran revelar mi identidad a ese posible observador (posible pervertido)

-No puedo ver películas de terror en mi casa, pero corro al cine más próximo cuando se estrena una del genero.

-Son las 7:20 am y no puedo dormir porque no logro encontrar la manera de asesinar a todos los obreros de la construcción de al lado sin las consecuencias de cualquier asesinato múltiple.

Las horas que pasan

Octubre 31, 2007

En algún momento sentí adoración por la noche, me gustaba la idea de encontrar entre sombras todo aquello que a la luz del día no podía percibir por exceso de luminosidad. En ese momento sentía que la resolana del invierno me acunaba y me hacia sentir todo el peso del universo encima de mi cabeza, en cambio la noche del verano me arrastraba fuera de casa para explorar todas sus sombras y sus esquinas, para admirarla hasta quedarme dormida.
Ahora siento nostalgia cuando lo recuerdo, las circunstancias han cambiado. Las noches son demasiado largas, me doblan y me recuestan. Son plomizas, amargas. Triste final para una relación tan encantadora.
Aun mi amistad con la mañana no es muy profunda, y mi reconciliación con la noche esta lejos de ser posible. Tendré que zambullirme en la tarde, que por azucarada e hipócrita, probablemente no pueda consolarme.

La vie immédiate

Octubre 23, 2007

Se abren puertas se descubren ventanas
Un fuego se enciende y me deslumbra
Todo se decide
Encuentro criaturas que yo no he deseado
He aquí el idiota que recibía cartas del exterior
He aquí el anillo precioso que él creía de plata
He aquí la mujer charlatana de cabellos blancos
He aquí la muchacha inmaterial
Incompleta y fea bañada de noche y de miseria
Cargada de absurdas plantas silvestres
Su desnudez su castidad sensibles de cualquier parte
He aquí el mar y barcos sobre mesas de juego
Un hombre libre otro hombre libre y es el mismo
Animales exaltados ante el miedo con máscara de barro
Muertos prisioneros locos todos los ausentes

Pero tú por qué no estás aquí tú para despertarme.
Paul Éluard